Vino, paisaje y bicicleta se dan la mano

Pierre y Borris, fundadores de una excepcional experiencia de cicloturismo en la Provenza, se conocieron en un café de Sorgues. Pierre dirigía su propia microempresa y pensaba detenidamente en cómo desarrollarla de forma sostenible. Boris, cuyo enfoque del vino y la tierra destacó de inmediato, aún no tenía un lugar claro dentro de esa estructura. Lo que siguió fue un periodo de reflexión, algunos proyectos compartidos y una creciente sensación de que algo más significativo podría tomar forma. Acompáñenos en este blog mientras exploramos la historia y el viaje de Pierre y Boris, cuya visión compartida del vino, la tierra y el ritmo dio lugar a una forma diferente de vivir la Provenza.

RESERVE ESTA EXPERIENCIA.

Una filosofía basada en el encuentro y la sencillez

La filosofía de esta experiencia es deliberadamente directa. El descubrimiento, la sencillez y la atención al paisaje guían cada ruta. La bicicleta no es el objetivo, sino el medio. Permite a los participantes moverse tranquilamente por viñedos, campos y pueblos, notar los cambios de luz, olor y terreno, y llegar a los productores sin separarse.

Para Boris, la prioridad son siempre las personas que hay detrás de los productos. Vignerons, queseros, productores de aceite de oliva, chocolateros y agricultores son elegidos no por su reputación, sino por su autenticidad y compromiso. Muchos son figuras discretas que trabajan lejos de los focos, pero que poseen profundos conocimientos y sólidos valores. Estos intercambios son los que dan profundidad a las visitas.

La historia de esta experiencia

Después de trabajar juntos en encargos puntuales, Pierre se dio cuenta de que lo que más apreciaba era la forma de trabajar de Boris. Su relación con el vino, su curiosidad y su respeto por los productores coincidían de forma natural con los valores de Pierre. De ahí surgió un segundo encuentro y una pregunta sencilla. ¿Por qué no crear excursiones en bicicleta centradas en conocer a los productores locales y comprender el terruño provenzal a pie de tierra? Boris reconoció inmediatamente el potencial. Rutas, logística y asociaciones de productores no tardaron en tomar forma, y 18 meses después nacía esta experiencia. Para Boris, el proyecto era casi inevitable. Los años que pasó viajando por la Provenza habían creado un patrón que no podía ignorar. Reducir la velocidad, tomar carreteras más pequeñas, conocer a productores y compartir esos momentos con los demás convertían constantemente las salidas sencillas en experiencias duraderas.

Antecedentes marcados por el vino, la tierra y la transmisión

Boris creció en Champaña, rodeado de viñedos y tradiciones vinícolas que dejaron una huella imborrable. Más tarde, sus estudios le llevaron a Borgoña y Burdeos, donde profundizó en el conocimiento del vino y la identidad regional. Fue en Provenza, y en particular en los Alpilles, donde sintió una auténtica atracción. La combinación de gastronomía, paisaje y apertura de los productores locales le convenció para instalarse en Aviñón, donde trabajó con varias explotaciones vinícolas y siguió desarrollando su enfoque.

Junto a su trabajo en viticultura, la experiencia en restaurantes reforzó lo que más le importaba. La transmisión. Guiar, explicar, compartir historias y crear momentos que permanezcan con la gente. Esta experiencia ofrecía una forma de aunar todo eso. La trayectoria de Pierre, a través de Winovin y los años dedicados a trabajar estrechamente con el vino y los productores, aportó una perspectiva complementaria. Mientras Boris se centraba en la narración y el encuentro, Pierre hacía hincapié en la sencillez, el ritmo y la belleza de los paisajes. Juntos encontraron el equilibrio que define hoy sus viajes.

Qué esperar | Un día en la carretera

Lo que distingue a esta experiencia es el ritmo. Recorrer la Provenza en bicicleta cambia la relación con el paisaje. El tiempo se alarga, los sentidos se agudizan y los encuentros resultan más naturales. Las catas de vino se convierten en conversaciones. Las visitas a granjas se convierten en momentos de intercambio y no en paradas de un itinerario. Cada ruta está diseñada para evitar las carreteras principales y dar prioridad a los pequeños caminos rurales, haciendo que el viaje sea tan agradable como los propios destinos. La Provenza se revela gradualmente, a través del color, el aroma y el sonido, en lugar de sólo a través de lo más destacado. Cada experiencia comienza en una finca vinícola, donde la ruta forma un bucle a través de la campiña circundante. Dependiendo del formato elegido, la jornada se desarrolla de forma diferente. Los recorridos de medio día suelen incluir una visita a un viticultor y a una granja, lo que permite conocer la viticultura y la producción local de alimentos. Las visitas de un día completo incluyen dos bodegas y dos granjas, con una comida compartida entre viñedos, basada en productos locales y conversaciones. Para quienes se sienten atraídos tanto por el ambiente como por el sabor, la excursión al atardecer ofrece un ritmo diferente. El paseo en bicicleta al final del día, cuando la luz se suaviza y el aire se enfría, termina con un aperitivo en los viñedos, combinando productos locales con un ambiente relajado y comunitario. En todos los formatos, la intención sigue siendo la misma. Tomarse tiempo, escuchar y dejar que la Provenza se revele de forma natural.

Rutas cercanas al corazón

Algunas rutas tienen un significado especial. El circuito de los Alpilles ocupa un lugar especial para Pierre y Boris, ya que es el paisaje en el que el proyecto tomó forma por primera vez. Refleja todo el espíritu de la empresa, combinando paisajes sorprendentes, productores comprometidos y el simple placer de pedalear juntos. También destaca la ruta de Châteauneuf-du-Pape, que combina vino y chocolate de una forma generosa e inesperada. Es la expresión de su deseo de crear experiencias sólidas y ligeramente sorprendentes, sin que parezcan forzadas.

Como cualquier experiencia basada en la vida real, no todo sale exactamente según lo previsto. Pierre recuerda su primera gira en solitario, marcada por dos pinchazos y la falta de equipo adecuado. Lo que podría haber sido un desastre se convirtió en un recuerdo compartido, que terminó el día con risas y una cerveza en el café de un pueblo. Boris recuerda una visita a una granja de cabras, donde un entusiasta participante se ofreció voluntario para intentar ordeñar, sólo para elegir el animal equivocado. La confusión resultante, las risas y la vergüenza se convirtieron en una historia que se contó mucho después de terminar el viaje. Estos momentos, imprevistos y humanos, captan la esencia de Terroir à Vélo mejor que cualquier descripción de ruta.

Creo que todos estamos de acuerdo en que esta experiencia trata de la atención, la conexión y el placer de compartir la Provenza tal y como se vive, no escenificada.

À bientôt,

El equipo de Provence Holidays